Voy caminando de la mano con mi hijo, voltea y saluda a un señor desconocido en la calle que se encuentra sentado en el escalón de una casa del centro. Saluda papá me dice. Volteo a ver al señor y le digo “buenas tardes”; el desconocido sonríe y me devuelve los buenos deseos. Sigo caminando en silencio con mi hijo de la mano mientras pienso en la lección de civilidad que el rapazuelo me acaba de dar. Algo tan sencillo como las “buenas tardes” a un completo extraño logró que dos adultos sonrieran y vieran cómo se iluminaba un poco más el día. Todo gracias a un niño.
¿Verdad que así es, papá? me pregunta al estarle dando vueltas al armado de una pista y ve que una pieza no encaja con la otra, toma otra y como por arte de magia todas las piezas encajan. Él lo resolvió solo, pero aún así pidió mi opinión para subrayar lo que sus ojos y manos ya habían resuelto. En ese momento me sentí el ser más importante en la faz de la tierra. Sí bebé, así es.
Nuestro país parece que ha perdido el rumbo y la planeación a largo plazo, hasta nuestras calles están parchadas, el bache está reparado pero todos sabemos que es sólo una medida temporal hasta que la lluvia, el sol y el creciente tráfico vehicular vuela a romper aquello que ya está sentido. Pareciera que nuestra planeación a largo plazo quedó olvidada bajo la necesidad del momento, nuestros ayuntamientos quebrados y solicitando endeudamiento para pagar en años y resolver cuestiones de carácter inmediato. Necesario puede ser, aunque quizá sería mejor buscar las soluciones a largo plazo tales como el “carísimo” cemento hidráulico y mandar todos los camiones de carga sólo por esas rutas.
Quizá si nos enfocáramos a crearles un mundo ideal en estos momentos, nuestros problemas como país serían menores. Todos queremos que nuestros niños tengan la mejor educación y no obstante nos enredamos en cuestiones de forma y no de fondo; si tuviéramos parques donde los juegos estuvieran en buenas condiciones la integración familiar sería una consecuencia de esos paseos; si todos manejáramos como si lleváramos a un niño con nosotros, quizá respetaríamos más al otro conductor, la señalización y la seguridad sería nuestra principal preocupación.
Queremos que nuestros hijos sean sanos, que coman frutas y verduras, que los alimentos sean frescos pero se nos olvida voltear al campo, darle acompañamiento a los campesinos, buscar la forma en que seamos autosustentables, eliminar el coyotaje y lograr que nuestro campo sea no solo rentable sino prioritario.
Queremos que en el lamentable caso en que alguno de nuestros niños se enferme, tengamos a nuestro alcance los mejores hospitales, médicos pero sobre todo las medicinas que necesitamos. Quizá es hora de tener un solo sistema de salud pública en la que administrativamente sea eficaz y el recurso que se ahorraría se destinara a los equipos, a los médicos y a resolver el inhumano desabasto de medicinas.
Dí la verdad, no tomes cosas que no son tuyas, pide permiso, sé educado, respetuoso, ayuda a tus amigos, comparte, aprende, no hagas desorden, no insultes, sé generoso, no menosprecies pues todos somos iguales, realiza tu tarea, no le hagas daño a otros, pórtate bien. Eso le decimos a nuestros niños, pero bien podríamos decírselo a cada uno de nuestros funcionarios y servidores públicos. Estoy seguro que si buscáramos enseñar con el ejemplo lo que queremos para nuestros niños, este sería un mundo ideal.
“Papá, ven a jugar” adiós estrés, adiós problemas… juguemos pues.
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CHUNCHACA



Palabras Altisonantes
