Francisco López Vargas
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Francisco López Vargas
Analista político, conductor y productor en Telesur, y colaborador de EL EXPRESO desde su fundación. Estudió Comunicación en el Instituto de Ciencias Sociales de Mérida.
@elnegrito_63

Rendir cuentas

Voces, Viernes 23 mayo, 2014 a las 2:15 pm

¿A quién le llamamos los campechanos para reclamarle lo que le pasa a la economía local?, ¿será acaso que el Dr. Videgaray se atreverá a decirnos que los campechanos no somos parte del conflicto con Oceanografía o que la Reforma Fiscal no nos debe afectar porque somos una entidad muy pequeña?

Para más de uno la recesión es un presente en el país que a nivel oficial nadie quiere aceptar, pero que todos padecemos en los hechos. En Campeche, por ejemplo, se habla de casi medio millar de negocios cerrados y con ellos la afectación del empleo y de la economía local. No es un tema menor.

En Ciudad del Carmen la situación no es menos grave, por el contrario, ahí aunque no cierren sus puertas también hay cientos de negocios que ven cómo se fue al caño su trabajo y sus cuentas por cobrar porque, al menos un par de las empresas que le trabajan a Pemex, Oceanografía, está en ceros, y Evya está también en dificultades y no pagan.

La situación en la capital está en un brete porque por una parte está la megainversión del drenaje y las mejoras al Centro Histórico y por el otro el cierre de comercio y establecimientos por el tiempo de las obras, indispensables para la infraestructura de la ciudad.

En Campeche hace mucho que vivimos en el peor de los mundos: por un lado, una economía anclada a Pemex que no nos beneficia, y por la otra una iniciativa privada que depende casi al 100 por ciento del gobierno, sus obras y sus servicios.

Campeche sí es diferente a Querétaro y a Yucatán que tienen sus propios motores económicos, como sucede en Nuevo León o Jalisco, incluso Quintana Roo. Nosotros, como entidad, vivimos anclados a un presupuesto que gravita alrededor de la política y que se rige, hay que aceptarlo, también del compadrazgo, el amiguismo y una buena parte de corrupción y moches. No es nada nuevo y poco o muy poco se ha logrado cambiar.

Al gobernador Ortega le toca cerrar su gobierno precisamente en un escenario poco venturoso: Hacienda congeló las participaciones a su mínima expresión, en 2013 paró por completo el gasto público y a la fecha sólo se ha reactivado a niveles de un 15 por ciento, es decir, nada. La realidad económica es atroz para la entidad, el desempleo campea porque se cierran negocios y otros, aunque no desempleados aún, tienen quincenas sin cobrar por los temas jurídicos que se ventilan en las empresas de Ciudad del Carmen, vinculadas con el petróleo.

¿Qué sigue? Se preguntarán muchos, pero la realidad es que en Campeche no se le ha apostado a la inversión privada. Sería distinto si se hubiera establecido Cafer para hacer sus carrocerías y hubiera jalado a varios subproductos para sus actividades; sería distinto si se hubiera pensado en maquiladoras asociadas con empresarios locales y no propiedad de políticos que usan el presupuesto para favorecer sus negocios.

Campeche necesita despegar su economía del gobierno. El gobierno debe ser cada vez más pequeño porque tampoco puede, como sucede a diario, exprimir al ciudadano para regresarle migajas a la ciudad mientras éste mantiene y sostiene a una élite oligárquica que pretende actuar como una casta diferente.

En los días es que muchos se apresuran para decir que quieren ser gobernadores de la entidad, bien nos haría a todos saber qué resultados nos dan y nos muestran para decidir si realmente son gente que vale la pena apoyar para llegar al cargo.

Hoy, para desgracia de todos, sólo pareciera que hay gente deseando llegar para cambiar su economía personal y familiar más que para darle a Campeche una sacudida que nos permita cambiar el rumbo.

Si en las elecciones que siguen se define el rumbo protegiendo a las oligarquías y privilegiando a los grupos de interés de siempre, Campeche seguirá siendo un Estado condenado a padecer los vaivenes de la política y no de su propio esfuerzo económico.

Vale la pena voltear a ver hacia fuera, ver que entidades más pequeñas o tan pequeñas han logrado resultados como los que hoy tiene Querétaro o  San Luis, sitios como Yucatán o Quintana Roo que si bien tienen dinamismo económico éste no se frena por completo por el presupuesto del gobierno.

Poco nos ha servido que haya llegado un nuevo gobierno priista a la presidencia, poco nos ha servido que se anuncian 561 mil millones para cinco proyectos petroleros y más de 460 mil millones para obras de infraestructura cuando, hay que decirlo y gritarlo, buena parte de ese dinero no se quedará aquí para generar desarrollo.

¿Necesitamos realmente sentarnos a pensar qué hemos hecho? Sí, pero más importante aún es definir qué vamos a hacer porque, hoy por hoy, la cuesta está muy empinada.