Raúl Sales Heredia Heredia
Palabras Altisonantes
Raúl Sales Heredia
Tiene una formación como Contador Público, y se ha desempeñado en diversos campos que van desde la docencia, hasta la consultoría financiera, pasando en diversos momentos por el periodismo. Actualmenet es vicepresidentre de la Fundación Avanza y Presidente de COPARMEX Campeche.
@RSalesH

Por arte de magia… no creo

Voces, Viernes 7 septiembre, 2012 a las 9:14 am

 A estas alturas ya deben de estar enterados que el Ayuntamiento de nuestra ciudad, como la inmensa mayoría de nuestros bolsillos, pasa por una de las más duras crisis de los últimos trienios. Nos enteramos que el manejo de los recursos públicos no se realiza con el cuidado debido y vemos gastos innecesarios a nivel federal, estatal, municipal, bueno, hasta en campañas políticas que se supone es lo más limpio que tenemos según el TRIFE.

Suele hablarse de aviadores pero nunca sabemos quiénes son, o de funcionarios que inexplicablemente tuvieron un golpe de suerte y les cayeron del cielo ca­mionetas, terrenos, casas y hasta boletos de avión para viajar. Aquí sí sabemos quiénes son, pero son rumores.

Nos enteramos que obras licitadas y ganadas fue­ron extrañamente infladas casi al doble o hasta el triple o que para poder hacer una adjudicación directa, má­gicamente aparecieron tres cotizaciones de diferentes empresas, pero dadas por la misma persona junto con un pequeño recuerdito del 10%.

El dinero cuando no se obtiene con esfuerzo, suele gastarse igual, sin esfuerzo y sin cuidado.

No obstante, no es completa culpa de nuestros bienintencionados funcionarios municipales, estatales y federales. También tenemos sindicatos que sólo tie­nen la función de enriquecer a sus líderes sindicales y proteger a sus sindicalizados de algo tan terrorífico co­mo lo es trabajar. Tenemos culpa los empresarios por dar el maldito y pernicioso diezmo para poder hacer una venta, de tener que cobrar un sobreprecio debido a que no se sabe cuándo se podrá cobrar la factura o de simplemente hacer chanchullos por debajo de la mesa en lugar de romper el círculo vicioso.

La sociedad es igualmente responsable, pues per­mitirlo es aceptarlo y darle nuestra venia. En ocasiones hasta les aplaudimos y buscamos imitarlos.

Las rentas de inmuebles a nuestras direcciones mu­nicipales o secretarías de gobierno son equivalentes a las que pagaríamos por un pent-house; pero lo peor, es que a pesar de que están carísimas, los arreglos corren a cuenta del gobierno por lo que quien renta, sí vive de sus rentas sin problema.

Sin embargo, ahora hay crisis, ahora no hay dinero, ahora no es posible darle chamba al cuate o al compa­ñero de escuela, comprarle al suegro o al compadre, ya no hay para otra cosa más que para sueldos.

Hace falta reestructurar, realizar una reingeniería, recortar gastos y costos, pero sobre todo, hay que bus­car que los que están recibiendo un sueldo, realmente lo ganen basado en su trabajo.

Si vivimos en una sociedad donde ser burócrata es más tentador que iniciar una empresa y ser tu propio jefe, se debe en buena medida a que es muy cómodo ir a sentarse a una oficina para no hacer nada pero exigir como si se hubiera dejado la piel trabajando.

Lamentablemente vivimos una doble moral donde señalamos, acusamos, decimos que son lo peor que le pudo pasar a la ciudad, al estado, al país, pero nos olvidamos de un pequeño detalle. El pueblo tiene el gobierno que se merece. Y si no somos capaces de en­tregar nuestro trabajo por nuestra ciudad y municipio, por nuestro estado y por nuestro país, realmente sí nos merecemos que nos vaya mal.

No tengo que esperar que pase la basura para reco­ger la mía, prefiero invertir 400 pesos en un bote de basura que limpiar diariamente los líquidos putrefac­tos que queda cuando la bolsa es rota por algún perro.

Prefiero limpiar yo el terreno baldío, a tener que vivir con el miedo de que mi hijo sufra daño por ali­mañas de 2 y 4 patas.

Sólo si somos capaces de dar lo mejor de noso­tros mismos estamos en nuestro derecho de exigir lo mejor de los demás. Es responsabilidad de la sociedad ver que nuestro país esté bien y no vi­ceversa y si algún funcionario municipal, estatal, federal abusa de su autoridad o se enriquece como por arte de magia, como buenos ciudadanos debe­ríamos aplicar el truco de desaparecerlos y hacer que aparezcan tras barrotes.

A estas alturas ya deben de estar enterados que el
Ayuntamiento de nuestra ciudad, como la inmensa
mayoría de nuestros bolsillos, pasa por una de las más
duras crisis de los últimos trienios. Nos enteramos que
el manejo de los recursos públicos no se realiza con el
cuidado debido y vemos gastos innecesarios a nivel
federal, estatal, municipal, bueno, hasta en campañas
políticas que se supone es lo más limpio que tenemos
según el TRIFE.
Suele hablarse de aviadores pero nunca sabemos
quiénes son, o de funcionarios que inexplicablemente
tuvieron un golpe de suerte y les cayeron del cielo camionetas,
terrenos, casas y hasta boletos de avión para
viajar. Aquí sí sabemos quiénes son, pero son rumores.
Nos enteramos que obras licitadas y ganadas fueron
extrañamente infladas casi al doble o hasta el triple
o que para poder hacer una adjudicación directa, mágicamente
aparecieron tres cotizaciones de diferentes
empresas, pero dadas por la misma persona junto con
un pequeño recuerdito del 10%.
El dinero cuando no se obtiene con esfuerzo, suele
gastarse igual, sin esfuerzo y sin cuidado.
No obstante, no es completa culpa de nuestros
bienintencionados funcionarios municipales, estatales
y federales. También tenemos sindicatos que sólo tienen
la función de enriquecer a sus líderes sindicales y
proteger a sus sindicalizados de algo tan terrorífico como
lo es trabajar. Tenemos culpa los empresarios por
dar el maldito y pernicioso diezmo para poder hacer
una venta, de tener que cobrar un sobreprecio debido
a que no se sabe cuándo se podrá cobrar la factura o de
simplemente hacer chanchullos por debajo de la mesa
en lugar de romper el círculo vicioso.
La sociedad es igualmente responsable, pues permitirlo
es aceptarlo y darle nuestra venia. En ocasiones
hasta les aplaudimos y buscamos imitarlos.
Las rentas de inmuebles a nuestras direcciones municipales
o secretarías de gobierno son equivalentes a
las que pagaríamos por un pent-house; pero lo peor, es
que a pesar de que están carísimas, los arreglos corren
a cuenta del gobierno por lo que quien renta, sí vive de
sus rentas sin problema.
Sin embargo, ahora hay crisis, ahora no hay dinero,
ahora no es posible darle chamba al cuate o al compañero
de escuela, comprarle al suegro o al compadre, ya
no hay para otra cosa más que para sueldos.
Hace falta reestructurar, realizar una reingeniería,
recortar gastos y costos, pero sobre todo, hay que buscar
que los que están recibiendo un sueldo, realmente
lo ganen basado en su trabajo.
Si vivimos en una sociedad donde ser burócrata es
más tentador que iniciar una empresa y ser tu propio
jefe, se debe en buena medida a que es muy cómodo ir
a sentarse a una oficina para no hacer nada pero exigir
como si se hubiera dejado la piel trabajando.
Lamentablemente vivimos una doble moral donde
señalamos, acusamos, decimos que son lo peor que
le pudo pasar a la ciudad, al estado, al país, pero nos
olvidamos de un pequeño detalle. El pueblo tiene el
gobierno que se merece. Y si no somos capaces de entregar
nuestro trabajo por nuestra ciudad y municipio,
por nuestro estado y por nuestro país, realmente sí nos
merecemos que nos vaya mal.
No tengo que esperar que pase la basura para recoger
la mía, prefiero invertir 400 pesos en un bote de
basura que limpiar diariamente los líquidos putrefactos
que queda cuando la bolsa es rota por algún perro.
Prefiero limpiar yo el terreno baldío, a tener que
vivir con el miedo de que mi hijo sufra daño por alimañas
de 2 y 4 patas.
Sólo si somos capaces de dar lo mejor de nosotros
mismos estamos en nuestro derecho de exigir
lo mejor de los demás. Es responsabilidad de la
sociedad ver que nuestro país esté bien y no viceversa
y si algún funcionario municipal, estatal,
federal abusa de su autoridad o se enriquece como
por arte de magia, como buenos ciudadanos deberíamos
aplicar el truco de desaparecerlos y hacer
que aparezcan tras barrotes.