
A lo único que podemos aspirar como seres humanos es a dejar un recuerdo perdurable. Buscamos fama, poder, riqueza y no obstante, lo que en realidad buscamos es ser recordados para no caer en el olvido.
En la infancia soñamos, reímos, descubrimos y nos maravillamos. Somos una pequeña parte de un mágico mundo y nos sentimos orgullosos de serlo.
En la juventud somos alocados, indestructibles, el mundo y la vida vienen de un bocado; los amores son intensos y los desamores catastróficos. No hay mas reglas que mis reglas (y las de papás, maestros, compañeros, amigos, hermanos y por supuesto, las de la pareja en turno).
Luego viene nuestra edad productiva, esa donde nuestra “madurez” debe imponerse y aplicar lo aprendido para ser una pieza útil dentro del gran tablero social. (Todos queremos ser reyes y casi nunca lo somos).
Es en esta edad donde perdemos, donde caemos en la soberbia y justificar lo injustificable antes de decir un simple “lo siento, fue un error”; en esta edad olvidamos lo orgulloso que nos sentimos de pertenecer a un mundo mágico y nos atrevemos a poner en la balanza el acabar con ecosistemas enteros por una utilidad material. En esta edad creemos que el fin justifica los medios, que no importa a cuantos aplastes, humilles, sabotajes, avergüences, quiebres, no importa que olvides los principios básicos de un BUEN hombre, para alcanzar tu meta. El fin lo es todo.
Poder, fama, dinero. Los tres vértices que dejan de ser herramienta para convertirse en fin. Todos los queremos, negarlo sería mentir y mentirosos ya hay muchos. Lo cierto es que ni todo el dinero del mundo junto con todo el poder y toda la fama nos puede comprar un minuto más de vida. Si soy rico, poderoso y famoso, mis exequias serán fastuosas, televisadas, el mundo entero llorará, las vestiduras se desgarrarán pero yo seguiré igual de frío, igual de ausente, igual de muerto. No lo sabré, no importará y solo esperaré que mi hijo (como yo aún lo hago) vea las estrellas y diga buenas noches papá, te extraño y recuerdo aún.
Mientras escribo esto lo escucho a sus 2 años llamándome, “papá, ven” y suelto el teclado y voy a verlo, a jugar, a cuidarlo, a platicarle, a ser parte de su vida. Le digo que tiene que ser un hombre honesto, que debe ser bueno, que debe ayudar. Le digo que a pesar de los problemas económicos que atravesamos, siempre será mejor que robar. Le digo que más vale un nombre honesto que todas las monedas de oro. Le digo que cuando encuentre a quien le inspira lealtad, le sea leal; que si alguien se gana su respeto, lo respete; le digo que critique al amigo de frente y lo defienda siempre a la espalda. Le digo que el hombre es bueno por naturaleza (aunque algunos pretendan demostrar lo contrario). Le repito hasta el cansancio que la verdad siempre valdrá la pena y que la libertad es lo único por lo que se debe luchar.
Le cuento que puede ser lo que desee, pero que deberá pensar en sus semejantes, que debe de buscar la mejor forma de ayudar a la mayor cantidad de gente, el mayor tiempo posible. Que si desea ser empresario, siga una ética empresarial intachable, que sea leal competidor y que una esfuerzos con otros empresarios; que si desea ser político sea referencia en el buen político, en el honesto, en el que sirve y es leal a su país. Que si desea ser artista nos conmueva para que seamos mejores personas. Le cuento que en todas debe ser un gran mexicano, un gran ciudadano, un gran ser humano.
Me ve, me dice “abazo”, sigue jugando y yo, después de darle un beso en la frente, regreso a escribir con una sonrisa. Se lo repetiré, lo haré hasta que lo entienda, hasta que lo racionalice, hasta que lo aprenda y lo viva. Pero mejor aún, se lo demostraré y espero que mi ejemplo sirva.
-
AA
-
Raúl Sales
-
Dejen la rabieta
PEMEX. El 8 de enero del 2008, el entonces presidente Felipe Calderón, al inaugurar los trabajos de la reunión plenaria...
-
“Al carajo” los Mayas
Hace 32 años fue creado el Instituto de Cultura de Campeche. Así, sin más pretensiones que la de regir la...
-
Recursos para alumnos, no para nóminas
Se ha convertido en una historia interminable y lo peor es que no hay muestras de cambio en el corto...







Palabras Altisonantes
