
Nuestra sociedad atraviesa por una crisis. Vivimos el día a día, trabajamos y nos enfocamos en la obtención de riqueza como fin último de nuestra vida. No obstante, estamos olvidando el núcleo que nos conforma como seres humanos de bien.
En nuestra sociedad actual, palabras como honestidad, lealtad, gratitud, respeto, empatía y tolerancia; no son otra cosa más que eso… palabras. La crisis de valores que estamos viviendo no puede atribuirse a nadie más que a nosotros mismos.
Los políticos corruptos y deshonestos lo son porque lo toleramos, porque lo alentamos, porque en lugar de vigilarlos y exigirles, los envidiamos y les aplaudimos el hecho de que saquen del aire o de debajo de la manga, camionetas del año, viajes, casas, terrenos y una que otra comercializadora que les ayude en su “servicio” público.
Como sociedad, nuestra principal responsabilidad es lograr que nuestros hijos se encuentren bien. No es el gobierno, no es la IP, no es lo mal que está el país, es la desatención a nuestra verdadera riqueza, que es nuestra familia. Se le puede atribuir a las circunstancias, pero no nos exime de nuestra obligación como padres, como hijos, como alumnos, como maestros, como seres humanos de bien. Como generación estamos quizá perdidos, pero nuestra siguiente generación aún es posible que se rescate.
Decimos que la educación es mala y olvidamos que la primera educación es en casa; nos quejamos de la corrupción y somos los primeros en pedir que nos hagan un “favor” o de darle una lana a “menganito” para que se haga de la vista gorda. Pedimos buenas calles y no hacemos nada para cuidarlas.
Nuestros hijos aprenden por la vista, aprenden por la forma en que nos comportamos, por la forma en que vivimos. Si yo grito, el gritará, si yo insulto, el insultará, si yo no le presto la atención debida, la calle sí lo hará y ahí aprenderá todo lo malo de lo que nos escandalizamos. Alcohol, drogas, pandillas, violencia, sexo y en general una displicencia absoluta y falta de control. Los valores y los principios son el dique que nos impide desbordarnos, la armadura que nos protege.
Los valores y los principios son lo que nos define como seres humanos de bien.
La religión no es sustituto, la escuela no es la guía, la televisión no es la culpable. Los valores y los principios básicos de humanidad se dan en casa.
En el juego con nuestros hijos, en su alimentación, en el amor irrestricto que sentimos. Los protegemos, pero protegerlos no es encerrarlos, es enseñarlos, educarlos, instruirlos, decirles con el ejemplo qué es bueno y qué es malo.
Aceptar sus diferencias, aplaudir sus aciertos, enseñarles tolerancia y a decir la verdad, a vivir la verdad, a buscar la verdad, a amar la verdad.
Como sociedad tenemos una responsabilidad y es hacer que nuestra sociedad mejore. No necesitamos despensas, dinero, prebendas o favores. Necesitamos formar seres humanos de bien, felices, con deseo continuo de aprender, de influir positivamente en su entorno, de ser empáticos, tolerantes, respetuosos, honestos, íntegros. Necesitamos convertir a nuestra siguiente generación en nuestro más grande logro y endosarles la responsabilidad de que mejoren la siguiente.
Como seres humanos queremos lo mejor para nuestros hijos… empecemos siendo los mejores padres.
-
Reglamentos y como que los cumplen
El reclamo de los locatarios que se instalaron el Foro Ah Kim Pech pone en evidencia la actitud que muchos...
-
Oposición ¿real o de mentiritas?
El anuncio de la dirigencia estatal del PAN en Campeche de expulsar a 144 militantes debe interpretarse más como un...







Palabras Altisonantes
