Apenas nos estaban depositando el aguinaldo y ya estábamos pensando en qué nos lo gastaríamos, que si en ropa nueva para estrenar el 31, que si en la cena de Navidad y los regalos, el viaje de fin de año, las fiestas y posadas, la manga del chaleco y otras cosas supérfluas. Apenas nos cayó un dinerito sentimos como nos quemaba las manos y debíamos, era imperativo gastárnoslo. Lamentablemente no tenemos los aguinaldos de aquellos que elegimos para trabajar por nosotros por el bien del país, así que en menos de 15 días nuestro aguinaldo se fue y si tuvimos a mal comprar a meses sin intereses no solo se fue, sino que aparte nos endeudamos.
La ya conocida y siempre terrible cuesta de enero esta vez es todavía más empinada que de costumbre, nos subieron impuestos, nos subieron los taxis (inexplicablemente porque el IET dice que no hay aumento) nos dicen que subirán las tortillas y los productos en el súper ya son mas caros, los puntuales gasolinazos tuvieron en su versión de enero el IEPS y nuestra gasolina ya es mas cara que la de Estados Unidos (y si hacemos una comparación de salarios mínimos… mucho más cara).
Ayer se aprobó la reforma financiera y si bien es cierto que el gobierno requiere recursos para trabajar, no creo que el cargárselo al pueblo sea la solución, por el contrario y aplicando una máxima empresarial, si los recursos no aumentan, lo que hay que hacer es disminuir los costos y los gastos y es ahí donde no hay forma, la burocracia que nos asfixia, la corrupción galopante en todos los niveles, sueldos altísimos sin un verdadero compromiso y amor por México para ver el puesto sólo como un escalón para su carrera política, gastos absurdos en cosas absurdas.
Nóminas infladas porque están los cuates, los vecinos, los sobrinos, los ahijados y porque todos deben de succionar de la ubre gubernamental que es la que mejor paga y en la que menos riesgo hay.
Es triste pensar que aquellos que elegimos para representarnos nos vean como a los que deben de explotar, que piensen que ya que llegaron se pueden olvidar de sus compromisos y enriquecerse a costa de nosotros y mientras, nuestras ciudades no tienen los servicios adecuados y no obstante, nos dicen que todo está bien.
Es culpa de nosotros que no tengamos dinero en enero, es culpa de nosotros porque no tenemos la cultura de ahorrar, es culpa de nosotros que durante muchos años hemos alentado y tolerado la corrupción y en lugar de criticar, señalar y exigir, hacemos como que no vemos e incluso hasta la envidia nos sale cuando vemos a los funcionarios ampliando su capital muy por encima de lo que les dejaría su sueldo real. Es nuestra culpa, pero sólo por permitirlo.
En esta abrumadora cuesta de enero donde ya no sabemos ni a dónde voltear y palpamos y volvemos a palpar nuestros bolsillos y rogamos que la cuenta de luz, de teléfono, de cable (si podemos tenerlo) no venga tan alta. Donde escuchamos que ni nuestro gobierno tiene dinero y que tendrá que hacer recortes es cuando me pregunto ¿En qué se han ido nuestras riquezas? ¿Por qué teniéndo riquezas no somos ricos? ¿por qué siendo país petrolero nuestra gasolina cuesta más? ¿Por qué si gastamos millones de pesos en educación y salud seguimos sin ambas? ¿Qué estamos haciendo mal?
No hay respuestas sencillas, hay preguntas sexenales que siguen sin respuestas o que todos las conocemos pero hacemos como que no.
Y como cada enero, seguimos pensando en aquello que no debimos hacer, cuando deberíamos estar pensando en lo que nos urge hacer… y nadie, excepto nosotros lo podemos lograr.
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luis sosa



Palabras Altisonantes
