
En un mundo donde si no estás conectado no existes, en un mundo donde puedes accesar a cualquier respuesta con un aparato “inteligente” en cualquier momento; en una sociedad que tiene información prácticamente en el momento en que está ocurriendo, no es de extrañar que queramos todo a una velocidad pasmosa y que la paciencia sea una de esas virtudes arcaicas que se está perdiendo. Queremos velocidad en todo y en todos.
Hoy domingo votamos y querremos saber el resultado en el momento, seguiremos la app del IFE y la observaremos cada 30 segundos creyendo que así la apresuraremos. Mientras tuitearemos fotos de supuestos mapaches, crisis, compra de votos y seremos observadores “no autorizados” en un proceso en que la mayoría no sabe ni siquiera si el nuevo lápiz es indeleble.
Pero dentro de toda esa parafernalia que habrá este domingo, tenemos que pensar que es nuestro día de fiesta por excelencia, es nuestra más clara muestra de fortaleza y cohesión social, es cuando nos podemos llamar con toda las de la ley “ciudadanos responsables”.
Votar es un privilegio y es algo que pretendo transmitírselo a mi bebé de dos años que me acompañará a votar. Quizá no entienda que es su primer ensayo, pero tal vez vea la cara de satisfacción de su padre y entienda que es algo bueno, quizá vea la fila de personas que salieron a emitir su voto y crea que en esa casetita plástica hay “cocolate” y que por eso todos estamos esperando para entrar, quizá solo corra por todos lados y me haga perseguirlo mientras me saca canas y logra que queme las calorías del desayuno (que buena falta me hace).
En fin, no sé que hará mi chilpayate, pero lo que sí sé, es que lo llevaré para que empiece a comprender que ser mexicano es una maravilla pero que conlleva responsabilidades ineludibles, y que sienta que la responsabilidad no es una carga, sino un honor y una alegría el cumplirlas. Que hacer lo que debes es parte intrínseca de lo que te conforma como ser humano. No lo sabrá porque yo se lo diga, lo sabrá al verme realizarlo y no lo entenderá porque lo racionalice sino al sentir que sus padres están contentos al hacerlo.
Y sí, le tomaré fotos y las subiré a twitter, a face, a donde sea pues compartiré orgulloso con el mundo, que mi hijo fue a su primera elección y que aunque aún no puede legalmente votar se divirtió acompañando a sus papás a cumplir con un deber, un placer y una obligación con nuestro maravilloso hogar.
Este domingo, salgo con mi hermosa esposa, mi terremoto de hijo, pasaré a buscar a mi madre, a mi suegra e iré a la casilla que nos toca, haremos nuestro ejercicio de civilidad, saludaremos a los vecinos, platicaremos, cuidaremos nuestro país como cuidamos nuestra casa, haremos nuevos amigos y encontraremos a los viejos. Este domingo haré de mi voto un domingo de fiesta familiar porque señores, si somos mexicanos, compartimos un mismo objetivo, razón, causa, casa, hogar, madre y eso, a pesar de lo que digan los pesimistas es lo que nos hermana, lo que nos hace familia, es decir, este domingo es nuestra fiesta familiar.
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