Raúl Sales Heredia Heredia
Palabras Altisonantes
Raúl Sales Heredia
Tiene una formación como Contador Público, y se ha desempeñado en diversos campos que van desde la docencia, hasta la consultoría financiera, pasando en diversos momentos por el periodismo. Actualmenet es vicepresidentre de la Fundación Avanza y Presidente de COPARMEX Campeche.
@RSalesH

Valores

Voces, Viernes 20 julio, 2012 a las 9:10 am

Estoy desayunando con mi mujer y mi bebé en un hotel. ¿Porque hotel? Por comodidad supongo o por los huevos motuleños que son de los mejores que hay. Saludo a gente que admiro y respeto como el pediatra de mi hijo, la mamá de un gran amigo ahora flamante diputado, a un periodista de toda la vida y gran amigo de mi papá, al dueño del hotel y a un grupo de profe­sionistas exitosos de mi generación. En fin, la vida en una ciudad pequeña es algo que no se entiende hasta que se vive.

Pero en las ciudades pequeñas se siente con mayor dolor la pérdida de valores. No es lo mismo decir: ese hijo de la tal por cual es un ladrón; a: el hijo de fulanito y menganita, hermano de perenganito es un ladrón. El dolor de la traición se siente más íntimo.

Mi bebé, ese rapazuelo de 2.5 años, con el pelo ensortijado, barba partida y con una pila que parece interminable (y que absorbe la mía en un instante), ese bebé que tengo la responsabilidad y obligación de convertir en un hombre de bien, es muy probable que crezca en un ambiente nacional de frases tales como “el que no transa no avanza”; “no me des y ponme don­de hay”; “si no lo haces es porque eres bruto”.

Y aun cuando haré todo para no permitirlo, no podré ni deberé estar atrás de él todo el tiempo pero sí intentaré darle una base de principios sólidos. No mentirme ni hacerlo con los demás; ayudar a quién pueda, las veces que pueda; dar siempre lo mejor aun­que no me lo pidan; Un apellido limpio siempre será la mejor herencia.

Lamentablemente, hemos escuchado la palabra “valores” tan a menudo y en tantos lugares que ha perdido un poco el lustre que debería tener. Las es­cuelas enseñan valores pero ninguna escuela suple a los padres y si en la escuela enseñamos honestidad académica obviamente no podemos permitir que el padre dé una “lana” al maestro; si enseñamos respon­sabilidad no podemos permitir que un padre alcahue­tee a su hijo. Y así, como esas, hay infinidad de veces y situaciones en las que creemos que ayudamos y solo estamos haciendo el peor de los daños a nuestro ser más querido. Ni la iglesia, ni la escuela, ni el Estado su­ple la responsabilidad y la guía de los padres. Nosotros somos los principales obligados a ser mejores para que nuestros hijos nos superen.

Los valores se enseñan con el ejemplo.

En ciudades pequeñas somos muy dados a exigir basados en “quién” somos, a pedir mesa, a pedir un tra­to preferencial en donde estemos, a pasar como Juan por su casa en “cualquier” dependencia, exigimos, aporreamos, nos ponemos en un plan insoportable y gritamos a voz en cuello “¿no sabes quién soy?”.

Podemos pensar que llegar tarde a un lugar es cues­tión de caché, pero realmente lo único que estamos logrando es llegar tarde y punto. Quejarse por un mal servicio no es justificante para crucificar a la persona que está tras el mostrador.

Y mientras, nuestro pequeño hijo, sobrino, primo, vecino, observa cómo la prepotencia obtiene resulta­dos inmediatos y cómo los valores que tanto exigimos y alabamos los mandamos al retrete cuando nos estorban.

No es cuestión de ponerse o quitarse valores, los va­lores se viven. Pero sí es responsabilidad nuestra que la siguiente generación crezca viendo como sus adultos “responsables” somos puntuales, educados, cedemos el paso, abrimos la puerta, cobramos lo justo, ayuda­mos al prójimo, respetamos el trabajo de los demás, hacemos cola y esperamos turno, somos empáticos, instruidos, informados, respetuosos, equilibrados, ín­tegros, honestos.

Nuestros niños son nuestra esperanza de futuro pe­ro nosotros somos su presente y por consiguiente nos debemos a ellos. Vivir en una ciudad pequeña es una maravilla, todos nos conocemos, todos nos apoyamos y todos ayudaremos a corregir lo que esté mal.