
No es gritar por gritar, no es hablar por hablar, no es callar por callar.
Todo tiene una razón, pero a veces, el silencio que guardamos es más por hastío, por cansancio, por duda de que las cosas mejoren. A veces callamos porque ya no creemos que nuestra voz sirva de algo.
Todos critican, es, en estas regiones, deporte estatal. Hay “criticadores” profesionales que no hacen otra labor que esa, criticar.
Los que tenemos oportunidad de escribir o hablar ante la gente, estamos expuestos a caer en la crítica mordaz y en la ausencia de propuesta. Siempre será más fácil destruir que construir.
No obstante, a veces la crítica es necesaria y urgente. Dice un buen amigo que los altos funcionarios deberían tener entre su séquito a un “mataegos”, a alguien que se encargue de recordarles su calidad de humano y que todo es temporal, que la vida sigue y el mundo gira con, o sin su consentimiento. Lamentablemente no es así y nuestros altos funcionarios a veces se marean de halagos y amistades más falsas que las monedas de 3 pesos y se crean enemigos no sólo de verdad, sino para siempre.
Pero es el silencio el que nos atañe, ese silencio incómodo que resulta de no querer hablar para no sobresalir y quedar expuestos. Ese silencio absurdo de para qué lo digo si nadie me hará caso. Ese silencio del que a veces se lucra para usarlo como bandera social. Muchos de nuestros representantes están en silencio porque así les conviene a ellos, no a sus representados, traspasan esa tenue línea entre lo laboral y lo personal y su trabajo en bien de la mayoría queda supeditado al bien personal.
Otros, de manera diferente, hablan, gritan, critican, exponen, se envuelven en un halo de defensores sociales, son visibles y ruidosos pero su propuesta es desdibujada, gris, y sin posibilidad de generar un bien a la mayoría.
Algunos intentamos hablar pero ¿qué tanto se escucha nuestra voz? ¿Es inútil? ¿Es útil? Solo el tiempo lo dirá.
Pero una voz a volumen normal sumado al de muchas personas más hablando al mismo tiempo, es no solo audible sino emocionante. Y si hablamos al mismo tiempo, no sólo será emocionante sino poderoso, furioso, excepcional. La tierra temblará ante un pueblo unido clamando verdad.
No hay que callar por temor o por conveniencia, hay que callar cuando necesitemos escuchar.
Si permanecemos en silencio estamos siendo cómplices de aquello que vemos y que no nos gusta, si vemos corrupción y no lo decimos somos igualmente culpables. Si queremos ser tomados en cuenta como sociedad, debemos hablar, debemos proponer, debemos buscar que nuestras palabras se crezcan con nuestros actos, pues las palabras se las puede llevar el viento pero a veces, esas palabras que vuelan, las escuchan e influyen en las acciones, en la realidad, en la búsqueda de la verdad.
No hables por hablar, no escribas por escribir. Piensa en lo que dices, busca el bien de la mayoría y hazlo sabiendo que tus palabras serán escuchadas por gente que piensa similar y que unirá su voz a la tuya. El silencio solo debemos usarlo para pensar, para escuchar a los demás y para sentir como nuestras palabras se convierten en un clamor general.
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Palabras Altisonantes
