
Sin hablar de la ocupación hotelera, del fin del calendario maya o de un carnaval que necesita reinventarse para generar turismo. Sin hablar de cómo estamos desperdiciando el ser Patrimonio Cultural de la Humanidad y la segunda reserva natural más importante de América. Sin hablar de que no tenemos un buen sistema de transporte urbano y de que no tenemos ese extra que busque que el turista se quede más de una noche.
Sin hablar de nada de lo anterior que de por sí da mucho de que hablar, comentaré una anécdota de esas tristes y vergonzosas que tuvieron a bien contarme.
El día del corso infantil, el día 8 de febrero de 2013, una señora de este estado estaba fungiendo como anfitriona de un grupo de personas, entre ellas se encontraban dos personas del DF que venían por trabajo, unos estadounidenses amigos suyos y una persona del vecino estado de Yucatán. Esta señora, como buena campechana y anfitriona que es, pasó el día completo llevando, acompañando y presumiendo nuestra ciudad. Fueron a comer, a pasear y a las 17:0 horas fueron al barco pirata. Ahí empezó la cadena de eventos desafortunados. El barco pirata no zarpó por falta de quórum, entendible, no resultaba rentable, pero como proveedores de un servicio, debieron de haber compensado de alguna forma que dejara a unos clientes insatisfechos al menos con un buen sabor de boca.
Este variopinto y decepcionado grupo pasó por la Secretaría de Turismo para preguntar si habría espectáculo de luces en Edzná. Respuesta obviamente afirmativa y ahí van, todos a Edzná. La hora 18:30 el show programado a las 19:00 hrs. deciden esperar. Mientras están esperando, una Van proveniente del estado de Puebla hace su entrada. En su interior viene un grupo de personas que venía de Chichen-Itzá y a los cuales les dijeron que el show de Edzná era de mucha mejor calidad por lo que decidieron viajar para verlo.
18:55 salen los empleados del espectáculo de Edzná y cierran la reja. Inmediatamente se acercan todos los presentes a preguntar y se les informa que el show se suspende porque se “quemó una pastilla y no hay luz” el camino hacia el centro arqueológico sigue perfectamente iluminado. Los poblanos, con justa razón, se enojan y despotrican que se encargarán de decirle a todo el que pregunte que NO visiten Campeche. Nuestra paisana, avergonzada, se acerca y les dice que no es normal, que el show vale la pena, que no siempre pasa… Oídos sordos a un show que ya nunca verán.
Cabizbaja, nuestra heroína, lleva a su público cautivo al luz y sonido de Puerta de Tierra. Bien, sólo bien. Los actores lo han hecho tantas veces que ya lo hacen sin ganas, sin fuerza, es un trabajo más. El día termina con un amargo sabor y con una triste realidad. Aún no estamos listos.
…
En un estado que busca convertirse en referencia obligada de turismo cultural, el servicio que se le da a nuestros visitantes es nuestra mejor carta de presentación, es nuestra ÚNICA carta de presentación. Estamos desperdiciando todo lo que tenemos, todo lo que somos y todo lo que podríamos ser. Si bien la Secretaría de Turismo ha promocionado nuestro estado, de qué servirá la promoción si teniendo al turista aquí no hacemos lo que nos corresponde, no le entregamos ese pedazo de Campeche para que lo atesore eternamente.
Como campechanos, todos somos parte de la imagen de nuestro Estado. Somos su principal atractivo, pues aunque seamos un páramo desierto, si somos buena compañía, será una excelente velada bajo la luz de las estrellas.
Servicio, servicio, servicio… Y COMPROMISO.
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