Raúl Sales Heredia Heredia
Palabras Altisonantes
Raúl Sales Heredia
Tiene formación como contador público y se ha desempeñado en diversos campos que van desde la docencia, hasta la consultoría financiera, pasando en diversos momentos por el periodismo. Actualmente es vicepresidente de la Fundación Avanza.
@RSalesH

Ciudadano de a pie

Voces, Viernes 22 febrero, 2013 a las 9:41 am

El título nos remonta a la Edad Media, donde los caballeros eran los señores absolutos del campo de batalla,  la caballería era la fuerza más importante en sus formaciones y donde la infantería, el soldado de a pie luchaba con denuedo por su señor pero, principalmente  por permanecer vivo en una lucha, que en la mayoría  de las ocasiones, desconocía el motivo de la misma.

En estos tiempos, nuestros caballeros no son ni más ni menos que todos los políticos que de una u otra forma dan estructura a nuestro destino como país. Mientras, nosotros ciudadanos luchamos con el mismo denuedo por permanecer y vivir dignamente.

Nuestro país está sumido en una crisis de valores, crisis financiera, con la mitad de la población en pobreza dentro de una de las economías emergentes  más importantes del planeta.

Asignamos a Educación  una buena parte de nuestro presupuesto y nuestra  educación como país, en lugar de mejorar, va en picada mientras nuestros líderes sindicales magisteriales,  viven a todo lujo.

Tenemos una cantidad impresionante de enfermedades galopando por nuestro territorio y en lugar de  unificar y mejorar nuestros sistemas de salud pública,  tenemos tres y los tres con problemas que se deben  casi en su totalidad, a cuestiones burocráticas.

Y mientras, nuestra espiral de violencia sigue por luchar con el tránsito de veneno en nuestro país, para que los norteamericanos no consuman. Peleamos una guerra con desventaja financiera, de poder de fuego, sin ayuda de los que deberían estar más interesados en ella y aparte se dan el lujo de mandar alertas a sus ciudadanos de que no somos destino seguro.

Y mientras todo se cae en pedazos, nuestros representantes populares le ponen “charolas” a sus Mercedes Benz, se avientan cuatro tequilas y dan nombres falsos, critican el uso de minifaldas, toman fotos, juegan juegos, y viajan con todos los lujos para inaugurar o entregar ayuda social a los más necesitados, personas que será casi imposible, que algún día puedan viajar como ellos lo hacen.

Mientras, nosotros ciudadanos de a pie no sabemos qué hacer, no entendemos la guerra de “nuestros señores”, no entendemos sus movimientos, ni sus  acomodos, ni sus enroques.

No entendemos. No nos explican. Y cuando cuestionamos, nos dan vueltas,  evasivas, justificaciones absurdas o simplemente (casi  siempre) nos ignoran.

El ciudadano de a pie vive día a día, pero lamentablemente estamos perdiendo nuestra esencia, nuestra solidaridad, nuestra capacidad de asombro y nos  están convirtiendo en una masa informe, manipulable, que acepta la corrupción como algo común, que  ve a los políticos como su modelo a seguir y que si  por fortuna encuentra a alguno honesto, no sólo no le cree, sino que lo destroza, pues “todos son iguales”  y nosotros queremos ser como ellos.

Dice el dicho “el pueblo tiene el gobierno que se  merece”. Este dicho no habla de la fortuna o del destino, habla de la capacidad que tenemos los ciudadanos de a pie de influir positivamente en nuestro entorno.

Pero, para tener una influencia positiva tenemos que  informarnos, buscar la mejor forma de ayudar, pero sobre todo, tenemos la obligación de comportarnos de  manera correcta para exigir lo mismo. Exigir que expliquen sus ingresos, exigir que los  secretarios y alcaldes ganen igual, exigir que los diputados y senadores hagan su trabajo o como a cualquiera de nosotros, se les despida. Tenemos que exigir  honestidad y somos nosotros, la infantería, la masa,  los soldados de a pie los que ganamos o perdemos  guerras, somos nosotros los que decidimos. Somos  nosotros los ciudadanos de a pie, los que estamos  hartos de que nos vean la cara.

Pero somos nosotros  también, los que debemos dar el ejemplo y respetar la  ley, para exigirles a ellos, que la cumplan.