
Faltan dos años para que empecemos proceso electoral y no obstante, ya tenemos precandidatos, posibles miembros del gabinete, se empiezan a cerrar círculos y a cambiar bandos. Si alguien critica a uno, inmediatamente saltan otros a defenderlo o a señalar que seguramente “trabaja” para el contrincante.
Se mueven piezas, se usan contactos, se pone gente en puestos clave, se hacen enroques, se conforman estructuras, se hacen reuniones, eventos sociales, se acusa a los de abajo esperando hacer tambalear a los de arriba. Se dan la mano mientras se patean la espinilla. Se dicen amigos mientras hacen cosas que ni el peor enemigo haría. Usan sus puestos de servidor público para servirse o para servir “al futuro jefe”.
Vemos visitas a comunidades, entrega de despensas, pinturas, juguetes, ligas de futbol, beisbol, láminas, visitas a empresas y un largo y continuo etcétera que si bien, es correcto que ayuden, no es correcto que lo hagan con la intención de promocionar su imagen. Si quieren promocionarse a sí mismos, que utilicen su dinero y que expliquen cómo le hacen para poder hacer todo eso y aún así tener infinidad de autos, casas, terrenos, viajar y… ¡Ah! perdón, son donaciones.
Mientras que en las altas esferas, donde se toman las decisiones todos son amigos y aunque se destrocen, obtendrán un hueso de consolación. Los de abajo se pegan hasta con los zapatos y pierden amistades de años sólo porque no están con el secretario, el senador, el diputado, el presidente, el “amigo”, el “jefe”, el lic. La amistad deja de importar cuando está en juego el poder, el bienestar económico y el caché que da salir en las fotos de Facebook a lado de “fulanito” o tuitear “les comparto la foto con “menganito en el evento de…” en fin.
Es sano que tengan ambiciones, es justo que busquen su crecimiento político, pero es una verdadera y absoluta mentada de mandarina que lo hagan en sus tiempos de servicio público y nosotros cual borregos, caemos cada elección en ese juego. Pero, mientras llega la elección, sufriremos una parálisis para que nadie dé “paso sin huarache”.
Veremos a nuestros “posibles” trabajar, actuar, debatir, posicionarse, inaugurar, etc… y veremos a sus equipos maquinando, escarbando secretos, manipulando verdades, tirando mentiras, mandando “lidercillos”, plantones, cualquier cosa es válida para bajar al otro (noten: bajar al otro, no subir por mérito propio).
Pero lo peor es que somos los que no resultamos beneficiados de estar en “el poder”, los que más hombro echamos, los que más defendemos o atacamos, en fin, los que más manipulables somos y los que creemos que son mejores los de un partido antes que los otros, que nos olvidamos que para que la lealtad a un partido sea válida, debe ser de dos vías, el partido debería ser leal a su base. Pero qué podemos esperar, si hasta los más convencidos partidarios, se cambian de color cuando no se les da lo que quieren.
Lo más triste es que cuando se decante hacia un lado, los rivales más enconados, besarán la mano y abandonarán a sus “fieles” seguidores.
Pero si vamos a eso, no es culpa de nuestros “suspirantes” es culpa de nosotros que olvidamos que la política no determina el actuar social y sí, la sociedad la que debe determinar el actuar político.
Ojalá algún día dejemos de lado el canibalismo que nos caracteriza y olvidemos la frase de “campechano come campechano” y juntos, como el gran pueblo que somos, nos demos la mano, aplaudamos el éxito de otros campechanos e impulsemos a otros en lugar de bajarlos al fondo de la cubeta.
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Aldo Uc Xley
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Raúl Sales
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