
Camino bajo las sombras de los árboles, ahí donde antes estaba turismo, mi hijo juega en el área cerrada de los juegos infantiles, el que tiene el piso de caucho y tiene una cerca, por lo que no debo de preocuparme de que se de un porrazo o de que salga corriendo.
Mi mujer está sentada en el pasto junto al kiosko tomando un frappé y pendiente del niño aunque no sea necesario.
Yo con un libro en la mano, tomo un café mientras pienso en el maravilloso día que tuvimos y lo grandioso que es vivir en Campeche.
Es sábado, tenemos tiempo así que fuimos a la calle 8 a desayunar, casi a medio día, como corresponde al sábado. Vamos de la mano mientras nuestro hijo corre delante. Pasamos la crepería, los panuchos, los cortes de carne y llegamos a mi lugar favorito, ‘Las ruedas’, ese restaurante justo enfrente de la Puerta de Mar donde las mesas son ruedas de carreta. Ahí empezó nuestro día, desayunamos huevos motuleños y jugo de zanahoria (excepto mi mujer que pidió su chaya con piña y pan tostado con mermelada de naranja).
Desde que el Centro histórico se volvió peatonal, la calle 8 se convirtió en la calle de los restaurantes, la 10 de tiendas y la 12 se pobló de hostales, bares, librerías y cafés cantantes. La calle 59 sigue siendo la joya de la corona; es desde hace tiempo la calle más transitada y la que sorprende a los turistas a cada paso, ya sea por las esculturas, las pinturas o por los campechanos que se disfrazan de piratas y hacen las delicias de los niños. Mi hijo es fan de caminar la 59 ó como dice él, la “calle pirata”.
Después de desayunar caminamos a las tiendas de la 10, paramos en ‘Ralph Laurent’ para comprar unas camisas para el chilpayate. Como somos estado con dos fronteras y el puerto de Sabancuy, tenemos IVA del 10% y somos la entrada de importaciones, así que es mucho más barato que ir a Mérida, de ahí fuimos a “Zara” donde MaJe (mi mujer) le dio baje a mi tarjeta de crédito y compró dos blusas (nuevamente, que bueno que somos zona libre).
Después de hacer corajes porque nada de “Zara” me queda, fuimos a la “Ghandi” del edificio
Cuauhtémoc (creo que es la librería mas hermosa de México) compré dos libros, uno para mí y uno de cuentos para mi hijo.
Estuve apunto de sentarme a lado de la fuente a leer cuando vi que el chilpayate ya estaba destruyendo el “Italians coffe”, así que tomé la bolsa de libros y nos fuimos a la plaza central a ver la obra de teatro a cielo abierto “Los Xamanes”, obra totalmente en lengua maya, pero que aún sin entender la lengua, la obra se explica a sí misma.
El rapazuelo revoltoso que tengo como hijo quedó absorto y tranquilo (cosa rara) viendo las plumas y las pinturas del rostro.
Luego vinimos al parque “turismo” y aquí estamos disfrutando de un parque excepcional, con árboles, pasto, juegos infantiles y con una vista que no tiene comparación.
Las luminarias solares del malecón se encienden mientras el sol pinta de colores las nubes en su despedida.
Es una maravilla vivir en Campeche.
…
Lo aquí relatado es una ficción, una fantasía para algunos una utopía pero, lo único que necesitamos es voluntad, trabajo conjunto entre la IP y gobierno, planeación a corto, mediano y largo plazo y por supuesto, honestidad en nuestros servidores públicos (para evitar malos manejos, que las obras se hagan y el dinero público rinda).
Sueñen conmigo…
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Palabras Altisonantes
