
Manuel tenía junto a sí un enorme cantidad de periódicos de publicación capitalina. Excélsior, Reforma, Milenio, Proceso, 24 Horas diario y la pila crecía porque él buscaba y rebuscaba temas relacionados con el secuestro.
-¿Leíste a Alemán, en el Universal; o Riva Palacio, en 24 Horas? Preguntaba al periodista mientras seguía ojeando los periódicos.
-Diario leo a muchos, amigo, es la chamba, pero ¿a qué te refieres en particular?
-Viste el nombramiento de Renato -sé que es amigo tuyo-, pero ¿ya leíste todo lo que se ha escrito de él?
-Y lo que falta por escribir, amigo. La realidad es que Renato tiene una fama pública que ni un campechano de hoy tiene en el país y menos en los círculos académicos, políticos y justicia, pero el encargo no sólo es muy grande sino que está muy complicado.
-A eso me refiero, periodista. Creo que a Renato lo entramparon porque al hacerlo coordinador de ese proyecto le dieron una enorme responsabilidad: hace 15 años que se lucha contra el secuestro y poco o nada se ha logrado y ni los empresarios más ricos ni los políticos más encumbrados han podido librarse de ese mal.
-Tienes razón: si Renato da resultados será muy difícil dejarlo salir de ahí, si no los da, pues peor, pero así es la política: una sucesión de hechos y circunstancias que sólo importan en el momento adecuado, ni antes ni después.
-¡Claro! Con esto creo que lo anulan para ser el candidato a gobernador de Campeche.
-¿Tú crees? Mira, Manuel, esas decisiones del próximo año se tomarán el próximo año y pensar que el tema está en discusión hoy es una torpeza. Que es correcto y hasta necesario hacer un balance y bosquejar escenarios posibles, indudablemente, pero saber qué sucederá en enero o febrero, quizá marzo, es inútil y desgastante.
-¿Entonces para ti Renato no está fuera de la jugada?
-No lo creo así. De hecho no creo que haya nadie fuera de la jugada en estos momentos. Creo que hay una enorme torpeza de quienes se dicen, se ufanan y hasta presumen que ya son los buenos, que están amarrados, que la gente ya decidió cuando la determinación real no creo que esté en la cabeza del Presidente, al que el PRI le dejará la decisión final a pesar de que le pidan opinión al gobernador, al senador, al diputado, al amigo, al secretario. Es correcto dedicarse a trabajar, a dar resultados, hacer recorridos, medir el pulso de la gente en la calle, en las comunidades, pero salir a decir que ya está decidido, ¡pobres! Es una auténtica muestra de inmadurez y desesperación.
-A veces creo que eres el más conservador de todos, periodista. Como si alguna vez estuviste de acuerdo con eso de los tiempos…
-Creo que los tiempos de un partido no son los tiempos de la sociedad, pero también creo que los secuestrados somos nosotros porque los partidos no permiten a los ciudadanos opinar sobre esas decisiones y sí nos hace rehenes de sus intereses y sus disposiciones.
-¿Ya se te olvidó que Fox le arrebató la candidatura al PAN y lo mismo hizo Calderón? O ¿ya no recuerdas que Moreira le robó la decisión a Peña para la dirigencia del PRI?
-Claro que lo recuerdo con lujo de detalle, pero esos días no son estos días. En ese tiempo, que empezó desde la llegada de Ernesto Zedillo a la Presidencia, las cosas fueron cambiando a una velocidad enorme y buena parte de lo que pasó en la elección presidencial de Fox y la transición tuvo que ver con la vocación de hacerse a un lado del presidente y dejarle más espacios a la sociedad. Si Zedillo no hubiera querido, muchas cosas no hubieran pasado, por eso hoy nadie lo censura o se le va a la yugular. Hoy, las condiciones son otras porque ves a un Presidente que a ratos se abre, a ratos se cierra, a ratos impone, a ratos da visos de apertura. Definir qué va a pasar en un año es un imposible.
-¿Entonces?
-Por desgracia hay gente muy torpe que sólo cree que debe trabajar para estar en las encuestas y no para dar resultados. De nada sirve que te conozcan todos si no has hecho nada por nadie o lo que has hecho es muy pobre. Adelantarse tanto a los tiempos políticos obligará a más de uno a gastar lo que no tiene, a prometer lo que no puede y eso es tarde o temprano tiene sus facturas y fracturas.
Además, Manuel, el que habla mucho de sí mismo, de sus logros, pero no tiene el aval social, está liquidado. Ya ves a Renato, las medallas se las cuelga la sociedad, su fama personal y profesional. Esas son las medallas que honran, no las que se dan por compromiso o conveniencia y menos a quienes por conocidos sabemos no las merecen.



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